El 11 de octubre se celebra el día Internacional para la reducción de desastres naturales.

Elaborado por:
CISTEMA - ARL SURA


Miles de personas en Colombia y en el mundo se ven afectadas a diario por lo que conocemos comúnmente como un Desastre Natural, que no es más que la manifestación física del cambio de la tierra en su evolución normal.

Sin embargo, todos aquellos que se dedican al estudio de estos eventos, coinciden en que el desastre solo se califica como tal cuando hay vidas humanas involucradas; bien porque se pierden muchas de ellas, o bien porque las personas quedan sin propiedades, sin trabajo, sin tierra, ocasionándoles una calamidad. Pero si un fenómeno natural ocurre sin afectar a las personas, así sea muy poderoso, no toma la categoría de desastre.

Realmente podríamos decir que el desastre natural no existe. La causa para que se materialice un desastre está en que las poblaciones crecen alrededor de zonas altamente vulnerables frente a la manifestación del cambio terrestre, sea un movimiento telúrico, un huracán, una erupción volcánica, etc.

Por supuesto, siempre hay una razón para ubicarse en lugares de alto riesgo: algunas poblaciones crecen desde las faldas de los volcanes porque son tierras muy fértiles o en las laderas de los ríos porque están cerca del agua, las ciudades crecen sobre humedales porque los terrenos son baratos o en los cerros porque son tierras sin dueño, pero ninguno advierte la realidad de los peligros relacionados con el lugar que escogió para vivir. Sólo hasta cuando ocurre por ejemplo, una avalancha que arrasa el asentamiento de la ladera del río en época de lluvia o una gran inundación en el barrio construido sobre el humedal, es cuando el ser humano entiende que es en extremo vulnerable. Los peligros siempre existirán, pero estos no representan riesgo cuando las personas se preparan. 
 
Un solo problema humano se evidencia en estas situaciones y es la falta de conocimiento. Si las personas conocen los peligros de la zona que ocupan, pueden analizar que tan vulnerables son y así mismo, al reconocer la debilidad frente al peligro, pueden analizar qué tan preparados están para enfrentarlo en caso de que se presente, de manera que el efecto final no sea un desastre.

Son realmente graves las consecuencias que se derivan de un desastre porque al quedar expuesto un ser humano, se presentan múltiples problemas sociales y económicos debido a que sus necesidades básicas quedan descubiertas. Comienza inmediatamente una lucha por sobrevivir que conlleva nuevas calamidades y serios conflictos pues en ese momento, ya no se es vulnerable frente a la naturaleza sino a otros seres humanos. Por ello es fundamental y URGENTE empezar por educarnos en todos los niveles de la sociedad ya que casi todo el planeta esta de una u otra forma amenazado por algún fenómeno natural.     

Muchos esfuerzos se están realizando actualmente para educar y crear cultura con respecto a la actitud a tomar en caso de desastre. El objetivo es que las personas sean cada vez más concientes para saber defenderse y controlar al máximo una situación por si mismas.

En el ámbito mundial encontramos hoy campañas como La reducción de desastres comienza en la escuela promovida por la UNESCO bajo el pleno convencimiento de que la educación erradicará en el futuro la vulnerabilidad frente al desastre.

En Colombia, la Dirección de Prevención y Atención de Desastres se encuentra trabajando con todos los países del área andina en el tema de la gestión integral del riesgo, donde el análisis de zonas altamente vulnerables y la creación de cultura en la sociedad entera hacen parte de la agenda; por su parte, el Distrito Capital promueve su campaña Con los pies en la tierra para llamar la atención de la comunidad en la preparación frente a un posible terremoto.

Este 11 de octubre promovamos desde nuestro lugar de trabajo, en nuestro núcleo familiar, el conocimiento sobre los posibles desastres que podamos enfrentar y comencemos a prepararnos.


Fuentes consultadas:
www.unesco.org
www.fopae.gov.co
www.dgpad.gov.co

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