Maria Elena Arango Arcila
Analista de Capacitación en Prevención de Riesgos
ARL SURA

 

 

 

 

El estrés se presenta en diversas situaciones y se da en diferentes niveles que afectan de alguna manera el desempeño de las personas. Por ejemplo cuando éste se encuentra en el nivel alto puede producirle daño al cuerpo, puede afectar sus relaciones personales y su desempeño en el trabajo o en la universidad. El estrés es parte de la vida. No se puede evitar por completo, lo que sí se puede cambiar es la manera de reaccionar frente a él, es decir, lo que pensamos, sentimos o hacemos cuando algo nos lastima, nos amenaza o nos desafía.

Como el hombre es un ser biopsicosocial, requiere de los siguientes recursos para afrontar el estrés: potencial psicológico, potencial biológico y también el potencial social que todos somos. En función de ello, para afrontar las situaciones de estrés se requieren los siguientes recursos:

 

Recursos físicos de salud y energía. Manteniendo unos buenos hábitos de vida como dormir de 6 a 8 horas, comer balanceado y en horarios fijos, hacer ejercicio mínimo 3 veces a la semana. Disminuir o eliminar el café, el licor y el cigarrillo.

 

Recursos psicológicos. Tener una cosmovisión positiva y optimista. Un sistema positivo de creencias sobre sí mismo, sobre los demás y sobre la vida se convierte en importantes recursos de afrontamiento cuando la persona está inmersa en situaciones que, de una u otra forma, laceran su salud y bienestar. Una autoestima alta, donde la persona se quiere y se ve a sí misma como valiosa, hace que la persona se perciba como capaz de resolver los problemas, aún aquellos que otros consideran insolubles, y por ello los afronta persistentemente con esperanza y optimismo. Esta actitud, en tanto hace que la persona mantenga sus esfuerzos de afrontamiento en las más adversas condiciones, casi siempre la vida la gratifica con resultados alentadores. 

 

Habilidad para solucionar problemas. La habilidad para buscar y encontrar la información necesaria, la capacidad de identificar lo que es y lo que no es en realidad el problema, la capacidad de generar alternativas múltiples de solución, priorizarlas y seleccionar aquellas más efectivas y eficientes, o la habilidad para ponerlas en práctica, se convierte en un excepcional recurso de afrontamiento a los problemas.

 

Habilidad social. La capacidad de escucha, de diálogo fluido, de precisión en las ideas, de sensibilidad para con el otro, etc. atrae a los demás y los pone en disposición de cooperar y colaborar en la solución de los problemas. Como los estos tienen lugar, no en un vacío sino en un contexto de relaciones interpersonales, un contexto en que -si asumimos que el hombre es un ser social por excelencia- es prácticamente imposible que los problemas -¡y su solución!- no tengan que ver con los demás, particularmente aquellos que tienen determinado grado de significación para la existencia de las personas concretas.

 

Redes de apoyo social y recursos materiales. Los recursos de afrontamiento de las personas además de internos (biológicos y psicológicos), son también externos (sociales y materiales) en tanto que en muchas ocasiones a la persona no le es suficiente aquello con lo que cuenta como individualidad sino que requiere de soporte fuera de él o ella. En este sentido resultan sumamente importantes las redes de apoyo social, concebidas como las redes de relaciones interpersonales en que está inmersa la persona, de las que se reciben tipos distintos de ayuda (emocional, instrumental, material, informativa, guía, etc.) que pueden ser decisivas para que ésta pueda afrontar exitosamente las exigencias de su vida cotidiana, más aún cuando se está en problemas.

Una fuerte convicción religiosa, la fe en la justicia y la lealtad o cualquier otra sólida creencia existencial sobre los valores humanos o sobre Dios, favorece resultados positivos en el afrontamiento de los problemas.

Nota: Los anteriores recursos de afrontamiento no deben verse, en modo alguno, como una suma de recursos aislados por muy potentes que estos sean, sino que es deseable comprenderlos en una visión sinérgica donde su interpenetración, ya sea por su presencia o por su ausencia o insuficiencia, puede conducir a que se facilite, o que se entorpezca su expresión.

Si siente que usted por sí mismo no es capaz de bajar el nivel de estrés busque la ayuda de un profesional que le genere confianza: un bioenergético, un médico, un psicólogo, un consejero espiritual, un amigo...

El manejo del estrés constituye una de las habilidades más importantes para la vida. Si se controla el estrés, podrán controlarse las emociones negativas. Aplicar las siguientes recomendaciones le puede ser útil para mejorar su calidad de vida y evitar los posibles trastornos de salud que él pudiera ocasionarle. Debe empezar por analizar las maneras negativas que utiliza para manejar el estrés. Después, trate de encontrar maneras más saludables de asumir las situaciones.

Hay muchas maneras de reducir los efectos del estrés en su vida. Puede:
Hacer ejercicios por lo menos 3 veces por semana durante 20 a 30 minutos.
Haga algo para usted. Hágase un nuevo corte de pelo o dese un masaje.

Analice qué es lo que le molesta. ¿Hay alguna manera de evitarlo? Sino, trate de encontrar maneras distintas de pensar en ellas.

Aprenda a relajarse. Hable con personas que le presten respaldo. Escuche música. Vea películas. Haga caminatas. Respire profundamente. Construya imágenes positivas en su mente. Duerma lo suficiente. Coma una dieta saludable. Reduzca su consumo de café y alcohol.

Use pensamientos positivos y el humor. Recurra a ayuda profesional cuando se produzcan eventos de gran tensión en su vida.

Hoy sabemos que la forma en que nos enfrentamos a los acontecimientos es lo que determina profundamente las probabilidades de mantenernos sanos. Por otra parte, mantenerse alejado de las situaciones estresantes es alejarse también de las oportunidades y experiencias que ofrece la vida. Usted puede continuar su vida con un nivel sano de estrés de manera que no le provoque daño,  con: alimentación sana, en horarios fijos, horas de sueño suficientes y ejercicio físico mínimo 3 veces por semana. Visión optimista de sí mismo, de los demás y de la vida. Capacidad para identificar los problemas reales y para encontrarles solución.

 

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